Supervisión psicológica
SUPERVISIÓN PSICOLÓGICA
Supervisar no es sólo mejorar como profesional: es una forma de cuidar el vínculo terapéutico, al paciente y a uno mismo.
Acompañar a otros implica también cuidar de nosotros mismos. La supervisión es un espacio pensado para detenernos, revisar, compartir dudas, explorar nuevas miradas y seguir creciendo como profesionales sin perder nuestra autenticidad ni nuestra sensibilidad.
Después de años de experiencia acompañando procesos terapéuticos y formando a otros profesionales, ofrecemos espacios de supervisión individual y grupal, desde diferentes enfoques.
¿Para quién es este espacio?
Para profesionales que:
- Están comenzando su práctica clínica y desean sentirse más seguros en sus intervenciones.
- Llevan tiempo trabajando y necesitan revisar casos o ampliar su mirada sobre determinadas dinámicas relacionales.
- Se sienten bloqueados o emocionalmente cargados por algún caso y buscan un espacio donde procesarlo.
- Quieren cuidar su propio bienestar emocional y evitar el desgaste profesional.
- Desean seguir aprendiendo y compartiendo con otros colegas desde un enfoque humano, ético y reflexivo.
La supervisión no sólo tiene un propósito técnico o formativo: también es un lugar de cuidado, sostén y crecimiento personal y profesional.
MODALIDADES
Opciones diseñadas para acompañar tu práctica clínica con rigor y empatía.
Supervisión individual
Un espacio íntimo donde poder traer tus casos, tus dudas y tus emociones como terapeuta. Nos centramos en el proceso relacional, las resonancias personales y el crecimiento profesional.
Supervisión grupal
Encuentros con un grupo reducido de psicólogos que buscan compartir experiencias, aprender juntos y sentirse acompañados en el ejercicio profesional. Los grupos se estructuran en ciclos de varios encuentros, generando una comunidad de apoyo y aprendizaje mutuo.
CÓMO TRABAJAMOS
Ser terapeuta también significa estar en constante proceso.
En las sesiones revisamos casos clínicos, exploramos las dinámicas relacionales que se ponen en juego (también las contratransferenciales), y trabajamos desde la conexión, la coherencia y el cuerpo.
Desde nuestra mirada integramos elementos del enfoque vincular, la teoría del apego y la sensibilidad al trauma. También, prestaremos atención al
mundo emocional del paciente, teniendo en cuenta una mirada humanista y focalizada en la emoción.
Más que buscar “respuestas correctas”, buscaremos comprender el sentido de lo que ocurre, qué teclas necesitamos tocar para que el paciente se relacione mejor consigo mismo y con los demás. Profundizaremos en cómo cada vínculo terapéutico puede transformarse en un espacio reparador
